LA PARADOJA DE LA TRAMOYA

En el mundillo del maquetismo existen una serie de términos que conviene aclarar para los que se inician en esta afición. Alguno como el que hoy propongo conviene explicarlo y reflexionar sobre su utilidad.
Si exceptuamos los libros de croquis de circuitos o maquetas que ponen a disposición de los aficionados las marcas comerciales, en donde prima el relleno de la superficie con toda clase de vías, sea cual sea su disposición y en muchos casos sin sentido ferroviario alguno, en la mayoría de las maquetas tipo circuito cerrado aparece la estación oculta. ¿Pero que es eso?

Cuando construimos una maqueta estamos creando un mundo imaginario, un decorado teatral en el que vamos a ofrecer al espectador una farsa. Como en el teatro vamos a esconder y enseñar lo que nos viene bien en cada momento para dar credibilidad a la obra. En una maqueta existirá una parte visible, que debe reflejar la realidad lo más fielmente posible, y otra, oculta o invisible, pero indispensable para dar credibilidad a la primera.


En el croquis se puede apreciar una doble linea oscurecida que separa la parte visible (inferior) de la parte oculta o tramoya (superior). Esa línea marca el fondo del paisaje y como se ve está ligeramente curvada para dar sensación de continuidad.
Observar que con poco espacio se puede disponer de una superficie para explotar una pequeña estación término de forma real. Con unas medidas de 2,40 metros de largo por 0,30 metros de ancho en la parte estrecha recreciendo hasta los 0,60 metros desde la mitad al final, podría desarrollarse un  proyecto bastante mejorado respecto al del croquis.

Es en la parte oculta en donde, como en una tramoya teatral, se mueven los hilos que permiten que la  función continúe en escena. Ahí compondremos nuestros trenes, que aparecerán de acuerdo a la explotación que hayamos previsto para nuestra estación.

CIEN FOTOGRAFÍAS: LA TRIGESIMO PRIMERA


Las vistas desde la cabina del maquinista me han producido una cierta atracción desde niño, no solo por lo que suponía estar en la cabina, también posiblemente por la comodidad visual respecto a la de una cabeza sacada por la ventanilla. Intento reproducir esas imágenes en esta fotografía de mi maqueta alemana de la DRG, mientras se produce un cruce, en el acceso del ring exterior de la Bahnhof, entre un largo Pzug que proviene de Reichesheilm, tirado por una BR17 con coches de puertas múltiples de tipo prusiano y otro, en el que supone que viajo, con destino la Hauptbahnhof  y que debe ceder el paso como le marca la señal a la derecha de la imagen. La época manda blanco y negro.

Puede observarse un desvío largo, correspondiente a los primeros modelos de Roco con el fanal de señalización incluido, que da entrada a la vía de acceso al depósito de locomotoras. Esta parte de la maqueta es la zona más antigua que construí, y una de las que ha sufrido más modificaciones con el paso del tiempo al tener que cambiar la catenaria antigua de Marklin por una de Viessmann, los semáforos de Fleischmann por otros de Brawa, desvíos nuevos de Peco en la vía doble principal, etc.

Por cambiar, se ha cambiado hasta el puesto de agujas en tres ocasiones, ya que el que originalmente ocupaba esa ubicación ha pasado a otro lugar, el que le sustituyó hoy está en mi maqueta de Renfe y el actual se ha movido unos cuantos metros desde la playa de entrada de la Hauptbahnhof.

PEQUEÑOS DETALLES CON IMPORTANCIA

He comentado en otras entradas, y no me canso de repetirlo, que a la hora de ambientar una maqueta se necesita añadir algún detalle que la dé vida propia. Siempre, naturalmente, que el tema tenga una relación directa con el ferrocarril porque para otro tipo de ambientaciones ya están los belenes, los dioramas de todo tipo y condición y el maquinismo paisajístico y urbano.
Alguna escena que, forzosamente inánime, debe estar congelada en el tiempo pero que nos hace pensar, incluso soñar, con aquella imagen que guardamos en nuestro cerebro y que ahora se ve recuperada. Eso es la atmósfera. Pequeños detalles que tienen una enorme importancia en la credibilidad y en la estética final de nuestro proyecto.


La camioneta Dodge adaptada junto con la caseta de Lacalle, el quitanieves oxidado o el barril agujereado para quemar toda clase de maderas que alivien el frío de los días de invierno ayudan a componer una escena cercana, más entrañable, con una mayor sensación de realidad que otra en donde únicamente hubiéramos dejado los arbustos y los muros.

ACCESOS A VILLAFRANCA TÉRMINO: LA LÍNEA DEL NORTE

La línea del Norte surge en mi maqueta de forma no programada sino accidental. Concebida para una explotación con locomotoras de vapor y diesel en vía única, debe alterarse para dar lugar a la instalación de una vía bajo catenaria para poder incluir las locomotoras eléctricas que provenientes de las antiguas compañías se incorporaron a la Renfe. 

Ese segundo túnel del fondo a la derecha es una  de las  consecuencias de la modificación del proyecto original. Otra es la utilización de una catenaria que no corresponde a la de Renfe, ya que en aquel momento no existía ninguna que reprodujera fielmente la auténtica. La modificación añade una nueva vía que no admite el desdoblamiento en la playa de entrada puesto que toda la vía ya había sido instalada, por eso hasta la "bretelle" de entrada a las vías 1 y 2 sólo existe una vía bajo catenaria.











CIEN FOTOGRAFÍAS: LA TRIGESIMA


Una de mis primeras fotografías en la maqueta de RENFE. La primera de las Mikado con unas tolvas de Sudexpress y unos cuantos vagones de mercancías. Una de esas composiciones que me gusta ver porque la encuentro muy auténtica. Es a esta locomotora a la que le debo el haber empezado, en serio, a coleccionar modelos de RENFE. También es cierto que, cuando hicieron su aparición, a la DRG ya la tenía muy agotada, pero estas Mikados siempre me resultaron muy atrayentes y, posiblemente, si hubieran existido modelos de RENFE de calidad no habría necesitado ir a otra administración.

No voy a entrar en cuantos aficionados se habrán perdido por no haber existido modelos españoles en abundancia en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. En esas décadas, unos porque no quisieron, y otros porque no supieron, entre todos consiguieron el declive de una afición que se ha ido extinguiendo por falta de renovación generacional. No ha sido únicamente culpa de las empresas fabricantes, ni de los precios, ni del espacio, esta afición nunca ha sido mayoritaria, sino de la incapacidad de transmitir la cultura y el interés por los ferrocarriles y el modelismo de una forma atractiva y abierta al público.