EL PUERTO. ¿QUÉ PUERTO?

La recreación de un puerto español en escala H0 no es una cuestión sencilla. Primero, por el tamaño necesario para desarrollar la idea, y segundo por la dificultad de encontrar un puerto con tráfico simultaneo de viajeros y mercancías. 

No me atrae la idea de montar una maqueta con un puerto exclusivamente mercante pues obligaría a la especialización del transporte bien sea de maderas, metales, grano, carbón o productos derivados del  petróleo. Sin duda con muchas posibilidades en cada caso de generar una maqueta interesante, pero que no es lo que busco porque prefiero mezclar el tráfico de personas con el de mercancías. Por otra parte las vías férreas de viajeros que terminan en puerto son cada vez más escasas. Este transporte es mayoritariamente carretero. Las pocas estaciones que hubo han desaparecido reconvertidas, en el mejor de los casos, en estaciones marítimas con parkings gigantescos.


La ventaja del modelismo es que nos permita recrear lo que queramos siempre que nos recuerde a algo, y a mí,  el puerto que me sigue gustando recordar es el de Algeciras. De modo que el esfuerzo se debe centrar en recrear algo parecido al Puerto de Algeciras, que no será el Muelle de Galera pero debe recordármelo. Aquel muelle en  el que se encontraban por un lado los transbordadores, estación marítima y aduana incluida  y, por otro, el puerto pesquero, las dependencias del pescado y finalmente los depósitos de mercancías.  A escala 1/87 será otra cosa, espero poder darle un cierto aire portuario.


Como puede observarse en las fotografías, el muelle ha ido cambiando con el paso de los años. Escoger un momento determinado cuestionaría también el tipo de material ferroviario que podría utilizar. Creo que hay que no ser excesivamente puntilloso en este aspecto porque no es la finalidad de esta maqueta. Mi idea es poder utilizar la mayor cantidad de material posible, aunque siempre en composiciones homogéneas.


En esta recreación deben encontrarse tres componentes básicos: Las vías de viajeros, las vías de los depósitos de mercancías y la estación portuaria. Resulta imprescindible añadir el puerto pesquero antiguo y el  amarradero de los transbordadores. Por pura lógica es inviable, por lo menos de momento, pensar en colocar un transbordador, ni completo, ni de forma parcial, a esta escala.


Los primeros intentos pasan por diseñar en un espacio de 2225 mm. x 500 mm. la parte inicial del muelle. Esta superficie podrá complementarse con un fiddle-yard en un extremo para facilitar el tránsito de los trenes, dejando abierta la posibilidad de ampliaciones posteriores. Mi idea de partida es abrir una V en vía doble con un muelle al lado de cada uno de las ramas. Algún cruzamiento para asegurar unas cuantas maniobras y poco más en lo que al refiere al trazado en esta primera fase de proyecto.


Hay que realizar un estudio del espacio y la distribución pormenorizado para ver que elementos se incluyen, y como se incluyen, partiendo de la realidad del Puerto. Aprovechando que ya tengo a disposición el espacio, voy a ir analizando las distintas posibilidades que puedo desarrollar y explicaré como lo hago en esta nueva serie de entradas. A priori me parece importante desarrollar el conjunto de los edificios con el ambiente de los años 60-70. Ya iré viendo si es posible esa incorporación y como llevarla a cabo.


Las ideas surgen y volvemos a ver las copas llenas. Continuará.

A LA CUARTA VA LA VENCIDA

La concepción de esta nueva maqueta será, posiblemente, la culminación y cierre de mis actividades modelísticas. Una afición siempre debe entenderse como algo terapéutico que ayuda a descargar la actividad intelectual o manual, según sea. La inactividad profesional me ha llevado a dedicar más tiempo a mis trenes, pasando de una terapia a una manía. La consecuencia última de ésta es la construcción de una nueva maqueta. La cuarta y espero que última para no dar motivos a mi familia para ingresarme en un frenopático.

Afortunadamente siempre he pensado que los hobbys deben desarrollarse en privado pues, si bien con el paso del tiempo se acaban convirtiendo en manías personales que pueden controlarse, si se desarrollan en grupo, al incrementarse las iniciativas, dan lugar a situaciones capaces de terminar siendo peligrosamente adictivas y desaforadas. Los "...ismos" siempre me han parecido nefastos.

Creo haber dejado mi trayectoria en el diseño de maquetas en las entradas de este blog. Comenzando con mi maqueta de Steinberg, de lenta construcción. Fue mi bautismo en la incorporación de la atmósfera a las maquetas, sobre una concepción clásica de vía principal y secundaria para ver andar los trenes en una línea ferroviaria sobre una superficie de 20 m2. Pasando por la de Villafranca Término, maqueta lineal de 10 m. de largo, con radios infinitos, que se creó para hacer maniobras en una estación con material de Renfe aprovechando las ventajas de la digitalización. Mi siguiente idea la desarrollé en el RAW de Steinberg, una Show-case de casi tres metros y medio de largo, en donde quise reconstruir los edificios de la DRG para incorporar mis automotores y la última ocurrencia ha sido la transformación de Villafranca a Villefranche au pied du Puy, un lugar imaginario en el Macizo Central para disfrutar de modelos escogidos de la SNCF.

En esta ocasión, la idea de partida es disponer de un espacio para poder mover nuevamente mis trenes de Renfe en una maqueta con atmósfera española. Abandonada Villafranca Término, esta futura estación portuaria me permitiría poder utilizar alguno de los modelos que duermen en las vitrinas.

Esta es una idea que me resulta atractiva porque ya he sobrepasado los impulsos del realismo extremo, o del realismo imaginario. Lo que me interesa ahora es la esencia de mi afición, que no es otra que ver los trenes con detalle en maniobras lentas. Pero también disfrutar de los modelos y de las composiciones en un ambiente diferente. Incorporar elementos no habituales en las maquetas como muelles, barcos o grúas me parece interesante. Por eso, un puerto, creo que es una buena opción. 

A diferencia de los proyectos anteriores, en éste, no existe una historia del lugar. Un puerto es una zona de tránsito en el que las historias quedan reducidas al mínimo. Unos depósitos de mercancías, un puerto pesquero, una estación aduana y poco más. Lugar de paso y trabajo, no requiere de una historia que justifique su existencia como la de Villefranche, Oberbaumbach o el RAW. Queda pues reducida la historia, exclusivamente, a la utilidad del espacio. El planteamiento del concepto es muy elemental.

Por tanto, la definición del trazado debe priorizar todo el proyecto. La vía debe ser tirada con sencillez y simplicidad para obtener la elegancia de un trazado abierto y limpio. Lo que va a cobrar importancia es ver los trenes en líneas totalmente abiertas. El resto es simplemente el acompañamiento necesario para enmarcar el tránsito ferroviario. 

En ese ámbito, la ventaja de un puerto es que los edificios pueden estar pintados de blanco casi en su totalidad. Únicamente algún detalle de color debe alterar esa imagen general. Otra ventaja es que el espacio esta formado de manera natural en tres escalones diferentes. El agua, el muelle y los edificios. Tres líneas horizontales que facilitan la perspectiva. También permite la incorporación de barcos que aportan una variación importante en el diseño de maquetas, sobre todo si rotan, porque en función del barco los trenes deberían tener una composición u otra. 

Y, por último, es una forma de machacar la opinión de mi querido Lele Contino desde aquella ocasión en la que hablabamos del sentido conceptual de las maquetas. Blanco y en botella, Lele. 

Continuará.

LA MAR: RETORNO AL ORIGEN

Abandonando el páramo salmantino por excesivo, retomo el proyecto original de un pequeño puerto. Es una idea atractiva. Lo que ocurre es que sin querer, como no podía ser de otra manera, inmediatamente aparece otra de mis fijaciones identitarias: El antiguo puerto de Algeciras. 

La vista de esta postal de los años 60-70 del pasado siglo, siempre me retrotrae a la que aún conservo en la memoria de los años 50. En el muelle el  Melillero en primer plano. Tras él, el transbordador a Ceuta. El  Virgen de África. Un ABJ, posiblemente hacia Bobadilla, abandona por la vía principal la estación-aduana. Por detrás y a mano izquierda, los almacenes de las lonjas con el muelle de pesca. En la siguiente postal pueden observarse algunos cambios, la estación marítima ya ha sido remodelada y el puerto pesquero ha ido dejando sitio a un aparcamiento. Debe ser de finales de los 70.

La tranquilidad del puerto en los años 50 se veía alterada con la llegada de los trenes de viajeros que deseaban pasar el Estrecho. Los tres transbordadores de la Transmediterránea: Victoria, Virgen de África y Ciudad de Tarifa eran los habituales en los años 50 y 60. Luego vendrían otras navieras y otros barcos de los que nunca tuve el gusto.   

El Ciudad de Tarifa, listo para levar anclas espera la llegada del expreso de Madrid-Algeciras Puerto compuesto por varios 5000 y el coche camas de la CIWL. Tras 12 horas de recorrido agotador comienza el rebullir de los viajeros para sacar los billetes del transbordador, los maleteros cargando bultos en sus carretillas, las 030 de vapor para las maniobras. Tras la algarabía, el taxi al Reina Cristina para comer y hacer tiempo hasta las 16:30 que zarpa el barco. El fiel 41, inconmensurable, ya se había encargado de todo. Tiempo pasado irrepetible. ¿Puede reproducirse? El tamaño del muelle con los transbordadores es difícil de adaptar a una maqueta. Los barcos inviables. ¿Debo renunciar a esto? No creo. Hay que imaginar.

No puedo dejar el puerto de Algeciras sin colocar esta maravillosa fotografía, de la que desconozco el autor. Un tren compuesto por una variada representación del parque de RENFE está a punto de recibir la salida mientras un montón de viajeros accede desde el barco recién llegado. Me da la impresión que corresponde a la llegada del Melillero por el punto de amarre y la altura de la borda sobre el muelle. Tras él se encuentran el virgen de África y el Ciudad de Tarifa. La locomotora una Cockerill 130, de origen 030, podría ser de las que remolcaban el corto de Ronda. El TER que se encuentra en segundo plano hacía el servicio diurno a Madrid. Debe ser en verano a principios de los años setenta. En cualquier caso la sola contemplación de este tren merece todos mis elogios y agradecimientos al desconocido fotógrafo. 

Sobreponiéndose a los fútiles ensueños de la imaginación, hay que volver a la realidad. Toca llenar los vasos y retomar, sin pasarse, la idea original de un pequeño puerto. 


EL PROPÓSITO DE ENMIENDA

La liturgia judeocristiana regula que tras el acto de contrición debe realizarse el propósito de enmienda. Una de las ventajas de ser agnóstico es la de poder utilizar algunas frases eclesiales en sus justos términos. Así el propósito de enmienda, desarraigado del concepto místico, queda reducido a la simple demostración de lo apalabrado. En mi caso, con la creación de una maqueta mínima por la que pueda discurrir algún tipo de material de RENFE, serviría para enmendar la desaparición de Villafranca Término.

Recorrer una costa con la marea baja siempre es productivo intelectualmente, más si son atlánticas. En esos largos paseos las ideas surgen por sí solas. Con mucha costa por delante y una petaca de whisky viejo, el propósito de enmienda ha ido evolucionando desde un pequeño puerto hacia una estación de paso en vía única, de reducidas dimensiones, con un silo y un andén para ganado. Sería la contracción al mínimo de esa estación de la Meseta Castellana con un nombre digno de una obra de Cervantes: Peñaranda de Bracamonte.

Esa reiterada fijación mía, Peñaranda de Bracamonte. En los años de RENFE fue una estación de paso con la actividad suficiente como para servir de modelo en una maqueta. Tanto los silos, como la carga y descarga de ganado de la trashumancia, permitían disponer de trenes específicos, unido al tráfico de viajeros en la línea de Ávila a Salamanca con varios trenes con parada. Más recientemente, los trenes de cisternas de bioetanol disponen de una estación de carga a la que se accede por un ramal desde la cercana Babilafuente. Magníficos nombres de estaciones.

Otra posibilidad podía ser la estación de Fuente de San Esteban-Boadilla en la línea de Medina del Campo a Vilar Formoso. Muy parecida a la de Peñaranda, con una distribución de vías muy similar, dispone de un curioso muelle cubierto, con viguetería de madera, además del clásico silo. Pero hablarle de San Esteban a un agnóstico es esfuerzo vano. Si hubiera sido la de El Pedroso de la Armuña, con ese nombre, quien sabe.

Se trataría de diseñar una estación que, incluyendo los edificios que resulten más interesantes, al mismo tiempo permita que todos los movimientos y maniobras se puedan llevar a cabo en el menor espacio posible, sin que eso signifique perder sensación de veracidad  o de realismo. Reducir el espacio sin perder capacidad de maniobra. Reformar sin deformar. ¿Puedo reproducir en estas condiciones?. No fácilmente. Es necesario  espacio mínimo de 4 metros de largo por 0,5 metros de ancho, lo que significaría perder la idea original de una pequeña maqueta Showcase. Por doloroso que resulte, hay que descartar esta idea.

Las ideas, como las bebidas, se consumen. Pero no hay que desanimarse. Siempre puedes tomar otra. 


UN ACTO LAICO DE CONTRICIÓN

Tras la deconstrucción de Villafranca Término no puedo evitar, de vez en cuando, un cierto remordimiento al ver en las vitrinas parte del material de Renfe que ya no rueda por mis maquetas. Algunos ejemplares se merecían mejor destino que el de ser observados tras un cristal o abandonados dentro de unos cajones. Aquellos modelos tan deseados, Lacallitos y Fernadines, esperan que una mano amiga los vuelva a poner en circulación y me contemplan, desafecto y distante, seducido tanto por el versallesco afrancesamiento como por la rigurosidad prusiana. Pero así es la vida, no debe haber piedad para los vencidos. 

Aún siendo ímpio, no consigo evitar sentir la benevolencia del vencedor sobre aquellos que, aún perdiéndolo todo, tal vez no fueran merecedores de tan aciago destino. Me propongo dar una salida alternativa a alguna de estas piezas incluyéndolas en un nuevo proyecto, de tamaño limitado, con el fin de adormecer este malestar de conciencia.

Se trataría de una maqueta tipo showcase con un mínimo trazado que permitiese varios movimientos. Quedaría condicionada a locomotoras tender y a pequeños coches y vagones. El motivo está aún por decidir. Los elementos básicos están claros, un apeadero, un almacén o dos, cuatro aparatos de vía y poco más. ¿Qué saldrá de todo esto? Solo lo sabe el destino.

Mientras lo planifico os dejo un pequeño vídeo en forma de álbum fotográfico RENFE AÑOS 50-70